sábado, 2 de agosto de 2014

Venezolana en la Franja de Gaza


Liliana Lara junto con las biólogos Riolama Fernández y Lesbia Granadillo en Israel



A Liliana Lara la conocí cuando estuve en Israel.  Ella es de Monagas, licenciada en letras, egresada de la UDO.  Está casada con un argentino que trabaja en la Zona de Gaza.  Ella es amiga y mantiene contacto directo con la profesora Dinapiera di Donato, otra literata, nativa de Upata, que vive en EEUU.  Frecuentemente le envía reportes de lo que actualmente ocurre entre palestinos e israelías.  He aquí su más reciente despacho:



En estos días de guerra nuestra vida cotidiana está regida por lo que dice el teléfono. El mensaje más repetido que llega a nuestros teléfonos señala la necesidad de permanecer a 15 segundos de un refugio, aunque algunas veces pide quedarse directamente dentro del mismo.
A veces el mensaje dice que al siguiente día los niños del kibutz saldrán a un paseo, que conviene estar lejos de esta zona en guerra. Entonces hay que arreglar todos los detalles, armar morrales con comida y protector solar, prepararse para el viaje. Ir a guarecerse en otra zona, aunque sea momentáneamente.
Hace una semana vino un cantante a cantarnos en un refugio público, lo anunció un SMS repentino. Y yo me dije que qué carrizos iba yo a hacer escuchando a ese cantante, sea quien sea, mientras la guerra sigue su curso irremediable. Pero el encierro era mucho, la angustia era tanta, que por qué no ir a encontrarse con la gente cantando. Así que fui y me alegré levemente. Canté, a pesar de los pesares.
Está cayendo una lluvia de cohetes en la zona de Hof Askelon, señala una triste pero útil aplicación para teléfonos android ideada por un adolescente de esta zona. Entonces presiento el cohete que se acerca. Si cayó por allí, ya viene por aquí –me digo, pero igual debo salir de casa. Manejo aterrada por una desolada carretera del sur.
Los exámenes se harán según lo pautado, dijo el primer mensaje enviado desde el colegio universitario en el que trabajo. Otro mensaje aclaró que quien no se sintiera con ánimo de presentar un examen debido a la situación podía presentarlo otro día. Otro mensaje días después dijo que no, que mejor no, que todo está cerrado hasta nuevo aviso.
Alguna mañana me despierta el tilín de un mensaje recién llegado. Dice que mejor no salir a la calle porque en algunos kibutz cercanos hay una verdadera batalla entre el ejército y terroristas infiltrados por los túneles que vienen desde Gaza. Entonces cierro todas las puertas y las ventanas a pesar del calorón y del aire acondicionado que he debido mandar a arreglar antes de que comenzara todo esto. Sudo de calor y de nervios.
Algunos hoteles ofrecen descuentos a los habitantes de las zonas aledañas a Gaza. El mensaje dice que hay que llamar lo más pronto posible para no quedarse sin cupo. Quienes viven a pocos kilómetros de Gaza tienen habitaciones gratis y van como nómadas de hotel en hotel, refugiados mientras la guerra sigue. Sus casas abandonadas en la línea de fuego.
Los mensajes personales a veces pasan desapercibidos en el maremoto de informaciones.
Los rumores hacen metástasis. Llega algún rumor repetido a todos los grupos de wassap y luego cientos de mensajes que se debaten entre creer o no creer, entre propagar o no propagar. Algunos rumores resultan ser ciertos, pero vaya usted a saber cuál. De las redes sociales mejor ni hablar.
Todos los teléfonos calientes, todos los teléfonos enchufados a cualquier enchufe, cargando urgentemente las baterías, todos los teléfonos moldeando la cotidianidad con sus mensajes, sus verdades, sus falsedades, sus órdenes, sus consuelos.
Gente mirando siempre hacia abajo, sin norte y sin futuro, hacia ese aparato que llevan en las manos. Pocos levantan la vista para ver en el horizonte las columnas de humo que señalan la tragedia más allá de la frontera.
La cotidianidad ha perdido todo asidero. Depende de un mensaje. De una orden. De un pálpito. De un relampagueo en el teléfono.

lunes, 28 de julio de 2014

Liliana Lara, una venezolana en Israel

Israeli raid kills four from single family in north Gaza
Cuando hablo de la muerte, de tanta muerte, a pocos kilómetros de nuestras casas, algunas personas me miran como si estuviese loca. Entonces me siento más que nunca extranjera. Entonces soy vista como verdaderamente extranjera. Tal parece que no es mi acento lo que delata mi extranjeridad, sino mi postura ante la muerte y las guerras. Es para defendernos – dicen algunos. Nadie quiere matar civiles, pero ellos los usan como escudos – explican otros. Les avisamos antes de bombardear, pero ellos no se mueven – concluyen, con los ojos en blanco de tanto nacionalismo. Ninguna de esas teorías aprendidas de memoria y repetidas hasta el hartazgo me parece convincente. Si no se quitan, ¿para qué bombardear? Si son usados como escudos, ¿por qué caer en esa trampa? ¿Acaso la única manera de defensa es esa que construye más odio? Con cada muerto que se suma a la macabra cuenta, Israel se va hundiendo sin remedio.
Sí, es cierto, miles de cohetes han caído en el sur de Israel desde hace más de diez años. Lamentablemente doy constancia de eso porque desde que vivo aquí lo he visto y escuchado con mis propios ojos y orejas. Infinidad de veces he tenido que correr a un refugio, en esta guerra, en la anterior, en la anterior a la anterior, y aún cuando no ha habido guerra y el resto del país está en tranquila normalidad, aquí siempre cae algún cohete. He llorado por algunos de sus muertos que fueron amigos, o hijos de amigos. Miles de cohetes han sido lanzados constantemente a poblaciones civiles sin ningún reparo. Aquí no hay ninguna base militar, este no es un territorio ocupado, esto son simplemente los campos del sur de Israel llenos de kibutz, esas pequeñas comunidades agrícolas fundadas hace mucho tiempo bajo preceptos socialistas y/o comunistas; también hay pueblos perdidos en esta nada, llenos de inmigrantes de la antigua Unión Soviética y de Marruecos, incluso gente que vino de Irak huyendo de otras guerras. Que alguien defienda estos ataques del Hamas me produce la misma nausea que cuando escucho a alguien defender los ataques israelíes.
Cuando hablo del miedo – de todo este miedo, el de aquí, el de allá- y de sus respectivos muertos, algunas personas me miran como si estuviese loca. Entonces me siento más extranjera que nunca. Extranjera aquí, allá y más allá. Tal parece que algunos no están preparados para entender el sufrimiento de la gente común. Estar de este lado cuando todo esto pasa me ha mostrado cuan injustas son las categorizaciones. Así como también, qué poco piensan en el otro aquellos que precisamente se creen solidarios y humanistas. Tal parece que “el otro” sólo puede ser entendido si se parece a nuestro concepto de “otro”, tal como dijo alguna vez Zizek. Si el molde se rompe o se tuerce un poco, pues entonces ya no se entiende nada: ese otro se convierte en el malo y no hay piedad ante él. Estar de este lado de la frontera me ha hecho ver las fisuras en tantos discursos exaltados y fanáticos tanto de los que apoyan como de los que están en contra de una causa o de la otra. La palabra paz es un caparazón hueco en cualquiera de esos discursos.
Liliana Lara es una escritora venezolana residenciada en Bror Hail, Israel. Autora del libro "Los jardines de Salomón".

domingo, 7 de abril de 2013

Tel Avic, la ciudad moderna de Israel



Américo Fernández, Lesbia Granadillo, Rosita Pérez Yépez y Riolama Fernández

Ciudad moderna construida sobre tierra yerma.  Apenas tiene cien años, mientras Jerusalén, la capital de Israel, pasa de los cuatro milenios.

Texto y fotos de Américo Fernández

Cuando uno viaja a Tierra Santa, la primera escala obligada es el Aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv.  Yo realice el viaje a bordo de un avión de Air France que tardó catorce horas desde el Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía, haciendo escala en el aeropuerto Charles de Gaulle de Paris.  Viajaba en compañía de la bióloga Lesbia Granadillo, la ecóloga Rosita Pérez Yépez,  suboficial de la naval Priscila Patete y  bióloga marina Riolama Fernández.
            Tel Aviv es una ciudad moderna e industrial, la segunda más importante de Israel después de Jerusalén, su capital histórica y milenaria  Tiene más de 4 mil años mientras Tel Aviv apenas cuenta una centena.
            Israel, con una población aproximada de 8 millones de habitantes, apenas cuenta 60 años como estado republicano, soberano e independiente. Está  ubicada en las tierras bíblicas de Canaán, mejor conocidas en la actualidad como Palestina, en la costa oriental del Mar Mediterráneo, al suroeste de Asia, y dividida en su mayor parte entre Israel, Jordania y los territorios autónomos  palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza.
            Tel Aviv que en hebreo significa “colina de primavera”, está situada a orillas del Mar Mediterráneo, siempre lleno de turistas de todas partes del mundo disfrutando la placidez se sus  playas y la comodidad de sus balnearios, donde incluso por las noches se levantan pantallas para la proyección de sonados  encuentros futbolísticos.
            Esta urbe casi siempre confundida con la capital de Israel es sin duda el  principal centro comercial, económico e industrial del país. Las principales industrias se basan en los sectores alimentario, textil, de la confección, químico, metalúrgico, maderero, automovilístico y de material eléctrico y electrónico. Esta considerado como el quinto país en tecnología avanzada del mundo.
El resto de la actividad comercial está ligado a la talla de diamantes.  No obstante el valor que le agrega la talla al diamante, en Venezuela, con 100 años de explotación diamantífera, no existe una industria del diamante, Israel, sin embargo,  con una población inferior a la de nuestro país y en cuyo suelo no existen yacimientos de diamantes, tiene una auténtica industria conformada por más de diez mil talladores.  Israel importa una buena parte de la producción mundial, incluyendo la de Venezuela avaluados en menos de un millón de dólares y exporta 200 millones de dólares.
 El turismo es otro pilar de la economía de la ciudad, que casi en su totalidad está centrado en la zona costera, y cuenta con numerosos complejos hoteleros que se benefician de un clima benigno que favorece dicha actividad. La ciudad está formada por dos núcleos urbanos distintos: la histórica Yafo, en el sur, y la moderna Tel Aviv, que se extiende hacia el norte y el este. Yafo (antigua Jaffa) es una ciudad de estilo árabe con edificaciones antiguas y calles tortuosas. Por el contrario, Tel Aviv posee amplias avenidas arboladas y modernos edificios de viviendas; cabe destacar la denominada “ciudad blanca”, un conjunto arquitectónico excepcional del movimiento moderno, construido entre los primeros años de la década de 1930 y 1948, siguiendo un plan urbanístico creado por Patrick Geddes. La ciudad es el corazón de la vida cultural israelí y cuenta entre sus instituciones con museos, centros dedicados al arte y la música, con una orquesta filarmónica y varias compañías de teatro. El ministerio de Defensa israelí (denominado Histadut) tiene en Tel Aviv-Yafo su cuartel general; es también la sede de la Universidad de Tel Aviv, fundada en 1953. La Universidad de Bar-Ilan (1955) se encuentra en el barrio de Ramat Gan. En la ciudad se publica un gran número de periódicos y revistas en distintas lenguas.
Podríamos decir que en Tel Aviv todo es original.  Hasta los platos donde sirven los alimentos.  En las edificaciones la geometría abstracta juega un papel predominante,  obras limpias, sin colorete, las plazas pública exhiben creaciones escultóricas en vez de bustos y estatuas heroicas y a pesar de que poco llueve y los ríos son escasos, el agua llega a presión, muy diferente a Ciudad Bolívar al lado del caudaloso Orinoco donde el agua llega suave sin fuerza.  La gente es culta, no hay discriminación de ninguna clase, musulmanes como cristianos, judíos y drusos gozan de los mismos derechos, los automóviles no son lujosos y prácticamente duermen en la calle, la seguridad ciudadana es absoluta y a pesar de que es un país en guerra y constantemente amenazado por el terrorismo, usted  casi no ve ni militares ni policías en la calle y es que no hace falta porque el habitante tiene la moral muy alta y es respetuoso de la ley.



Las bolivarenses Priscila Patete y Rosita Pérez Yépez caminan descalzas  por la costa del Mediterrán
viv



Cesárea, la ciudad construida por Heródes



Una famosa y amurallada ciudad construida por Herodes  en el siglo V y que ha sido desenterrada por arqueólogos de varias naciones.

Texto y fotos de Américo Fernández

Hemos dejado a la moderna Tel Aviv para dirigirnos a la desenterrada Cesárea, ciudad Cesárea, en honor al emperador romano César Augusto, pues fueron romanos quienes levantaron esta ciudad palestina protegida por un rompe olas del Mar Mediterráneo.
En el curso de la vía sólidamente asfaltada, vimos el antiguo asentamiento bíblico de Jaffa, considerado el primer puerto del mundo y en donde embarcó el profeta hebreo Jonás cuando quiso inútilmente desobedecer la orden de Dios.  Ya sabemos desde niño que un cetáceo se lo tragó y lo regresó a su destino.
Hacia Cesárea nos dirigimos en un confortable bus atestado de turistas de varias nacionalidades, guiado por un uruguayo de ascendencia judía llamado Marcelo, quien nos habló de Herodes el Grande como un guerrero de gran fortaleza creadora, pero más conocido por su persecución contra los judíos y la degollina de los Inocentes entre los cuales suponía que estaba su sucesor.
Herodes, nombrado por el Senado romano Rey de Judea en el año 37 antes de Cristo, conquistó Jerusalén y fundó un vasto imperio, acarreando el odio de los judíos que no pudo aplacar aún casándose con una princesa hebrea.  Tuvo este rey diez esposas en el curso de su mandato y con ellas varios hijos que le disputarían el trono.
Pero no quiso reinar desde Jerusalén.  Prefirió fundar una nueva ciudad del tamaño de su ambición y así edificó a Cesárea, más cerca de Roma a través del Mediterráneo aunque para ello debió vencer las dificultades de una naturaleza accidentada asediada por un mar frecuentemente proceloso. Desde allí reinó sobre-seguro junto con 12 mil habitantes (romanos, griegos y judíos)  protegido por una gran muralla contra las periódicas invasiones y rebeliones. 
Como cualquier ciudad de estilo romano, los edificios más sobresalientes eran el Palacio Real y el Templo al lado de otros edificios gubernamentales, un Teatro semicircular que se tiene como el más antiguo ejemplo de la arquitectura romana.  Este anfiteatro ovalado que en fechas especiales utilizan los israelíes para espectáculos, tenía capacidad hasta para  15 mil espectadores y fue utilizado también como hipódromo.  El puerto de la nueva ciudad fue considerado entonces como uno de los mayores del Mediterráneo y estaba rodeado por una muralla que descansaba sobre el fondo del mar.  Era uno de los más frecuentados del Mediterráneo.  Las naves que amarraban después de diez días de navegación desde Europa, traían mercaderías de ese continente y volvían con valiosos productos locales como incienso, mirras y otras especies. Para surtirse de agua, Herodes hizo construir un acueducto que traía el agua desde los manantiales de los montes Carmelo.  Esta obra prodigiosa cuyas ruinas tuvimos la oportunidad de fotografiar, descansaba sobre arcos durante la mayor parte de sus diez kilómetros de longitud.
Cesárea fue creada casi exclusivamente de piedra caliza blanca,  con un solo estilo arquitectónico, él helenista, y colonizada por un solo hombre: Herodes.  Su fama se propagó por doquier como ciudad portuaria y real y fue desde aquí que Poncio Pilatos y su séquito se encaminaron a Jerusalén el día de Pascua en la que Jesús fue condenado a morir en la cruz.
Durante el período bizantino, Cesárea llegó a la cumbre de su crecimiento y contaba con una población de 30 mil habitantes judíos, cristianos y samaritanos.  En el año 640 cayó en poder de los árabes.  Luego en manos de los Cruzados que masacraron a sus habitantes árabes y judíos y establecieron una importante presencia cristiana.  Los Cruzados se mantuvieron allí durante tres décadas al cabo de las cuales Cesárea fue invadida y destruida por los mamelucos musulmanes en el siglo XIII.  Abandonada durante siglos, sus ruinas quedaron sepultadas bajo la arena.  Los primeros europeos que exploraron las ruinas de Cesárea fueron cartógrafos franceses que llegaron en el  ejército de Napoleón en 1799.  A partir de allí se despertó un inusitado interés internacional por desenterrar aquella bíblica ciudad fundada por Herodes y en esa vasta  tarea juega papel decisivo indudablemente el Departamento de Arqueología y Museos del Ministerio de Educación y Cultura de Israel.












Haifa, la principal ciudad portuaria de Israel



La principal ciudad portuaria de Israel sobre el Mar Mediterráneo, dominada por la serranía del Monte Carmelo.
Texto y fotos de Américo Fernández
A la orilla de la bahía de su nombre se levanta Haifa, el puerto más importante de Israel conectado a Tel Aviv por una fluida autopista que hace más expedito y corto el camino a una velocidad superior a los 100 kilómetros por hora en el bus que nos embarcamos con 50 turistas de varios países latinoamericanos..  Atrás quedó la antigua ciudad de Herodes El Grande donde posteriormente los Cruzados se hicieron fuertes aunque a costa de mucha sangre.
            A lo largo de la bahía se hallan las refinerías del petróleo que Israel encontró y explota en Néguev, una fundición de acero, industrias de vidrio y cemento, otra de textiles, de fertilizantes y automóviles.  Bellos suburbios residenciales observamos sobre los montes Carmelo así como el Instituto Israelí de Tecnología, el Instituto Universitario, Museos, el Teatro Municipal y desde lo alto el templo y centro mundial de los Bahistas así como  la Cueva del Profeta Elías sobre el Monte Carmelo.
            Haifa está conectada por carretera y ferrocarril con el resto del país, y en ella se localiza la principal base naval de Israel con centenares de buques desplazando millones de toneladas de carga. Su marina mercante se renueva constantemente. Por ser un enclave industrial de importancia, Haifa fue una codiciada presa mientras duró la Guerra de Palestina de 1948 y llegó a ser el objetivo de los misiles iraquíes durante la Guerra del Golfo Pérsico.
Visitamos el Monasterio Carmelita de Stella Maris que se alza en la mitad de la costa mediterránea, a unos 150 metros sobre el nivel del mar.  Allí se extiende una terraza  y sobre ella el faro de Haifa y el Convento Stella Maris, Santuario de la Orden de las Carmelitas Descalzas.  En el mismo monte con vista de la ciudad, los Jardines Persas, abstracción geométrica de la idea del paraíso corámico. El Monte Carmelo se tiene como un lugar sagrado para muchas religiones. En 1150 se fundó en este monte la orden religiosa de los carmelitas. El monasterio, reconstruido en 1828, tiene vistas espectaculares a la bahía de Haifa.

Otro santuario en el Monte Carmelo es el levantado a la memoria del profeta Mirza Alí Muhammad de Shirâz, conocido como Bab (en árabe, 'puerta principal'). La ciudad es la sede mundial del bebaísmo, secta religiosa sucesora del babismo creada a fines del siglo XIX por Mirza Husain Alí Nuri, quien consideraba que cumplía con todos los requisitos de la profecía efectuada años atrás por Bab.
Seguidamente el conductor del Bus nos facilitó el encuentro con el puerto de San Juan de Acre, importante desde la época de los fenicios, ciudad bíblica de la tribu de Aser.  La ciudad de Tolomaida, en la época de los Tolomeos, donde desembarcó el apóstol Pablo camino a Jerusalén a donde fue enviado por sus padres para que estudiara la religión y las tradiciones hebreas con el gran rabino Gamaliel  Asociado al Sanedrín en Jerusalén, asistió a la ejecución de San Esteban, el primer mártir cristiano.  Por aquel entonces le pidieron sus superiores que se trasladara a Damasco para apresar allí a los judíos cristianos y conducirlos a Jerusalén.  Estaba en estos menesteres camino a Damasco cuando se le apareció Jesucristo y lo convirtió en un nuevo apóstol del cristianismo.  San Pablo se tiene como el fundador de la Teología cristiana y como gran predicador y organizador. 
La privilegiada posición de San Juan de Acre hizo de esta ciudad en la historia una plaza disputada, engrandecida, destruida, amada y odiada.  Es una de las ciudades más antiguas del mundo, declarada por la Unesco  Patrimonio de la Humanidad.  En ella se erigió la Ciudadela de los Templarios en tiempos de los Cruzados.  Los Caballeros Templarios, una orden de carácter  religioso y militar nacida después de la primera cruzada.  Fue fundada en Jerusalén en 1118 por nueve caballeros franceses  con el objeto de cuidar del Santo Sepulcro y socorrer  a los peregrinos.

La ciudad de Haifa vista desde lo alto del Monte Carmelo
Los Jardines Persa y abajo la ciudad de Hayfa



Santuario en el Monte Carmelo a la memoria del fundador de Babaismo
San Juan de Acre, 5000 años de historia

Galilea, donde transcurrió parte de la vida de Cristo y sus apóstoles



Región montañosa, alta y fría, del Norte de Israel, famosa por el Lago Tiberiades, donde transcurrió parte de la vida de Cristo y sus apóstoles.

Texto y fotos de Américo Fernández

Después de hartarnos de tierra milenaria y de monumentos ancestrales de sectas y religiones, fuimos a parar en un famoso Kibutz en tierras de Galilea, transformado en Hotel para turistas con el nombre de  Kibutz Kfar Giladi, realmente  bucólico, pero confortable y acogedor.
            Los Kibutz son colonias comunales o colectivas gobernadas por la asamblea general de sus miembros.  Todos los bienes son propiedad común y el trabajo está organizado en base colectiva.  Los miembros, llamados kibutzin, reciben a cambio de su trabajo vivienda, alimentación, ropa y servicios sociales.  En el Kibutz el comedor, la cocina, los almacenes, el jardín de infancia, los dormitorios de niños y el centro social y cultural son comunes.  Los adultos viven en viviendas separadas.  Los kibutzin se dedican principalmente a la agricultura, pero muchos cuentan con empresas industriales.  El más antiguo, Degania, fue fundado en 1909.
            Pernotamos en el Kibutz transformado en Hotel y luego de un desayuno tipo buffet, muy nutritivo, variado y abundante, alistamos nuestras maletas y salimos hacia la montaña de las Bienaventuranzas.  En esta montaña, según la Biblia (Sermón de la Montaña), Jesucristo prometió felicidad a quienes siguen sus enseñanzas y vivan conforme a las virtudes de humildad, mansedumbre y paciencia.
            Seguidamente nos dirigimos a Tabgha, el sitio tradicional de la multiplicación de los panes y los peces y el cual se encuentra cerca de la orilla noreste del Lago Tiberiades o Mar de Galilea y a 2,5 kms al sur de Cafarnaúm, a donde pensamos llegar.
"Tabgha",  llamada también lugar de los siete manantiales, fue visitada por la peregrina Egeria en el año 383 y ella menciona algunos escalones en la línea de la ribera en la que Jesús se parara una vez y un campo contiguo en el que alimentara a la multitud con cinco panes y dos peces. Menciona ella una iglesia en la que se encontraba la piedra sobre la que Jesús colocara el pan para dividirlo entre la gente, pero las modernas investigaciones arqueológicas pusieron en descubierto que durante la segunda mitad del siglo IV se construyeron pequeñas capillas en los lugares. Estas investigaciones fijaron también que ese lugar concuerda con la descripción de los Evangelios de "un lugar desierto", pues no se hallaron evidencias de casas ni de cultivos. La actual Capilla de la Primacía de Pedro que visitamos,  fue construida en 1933 por el Custodio Franciscano de la Tierra Santa. El cercano Monasterio benedictino e Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces fue consagrado en 1982.En Cafarnaum, a dos kilómetros y medio, como dijimos, visitamos las ruinas de la casa de Pedro y de la Sinagoga del Siglo II. 
En Cafarnaum, en la costa noroeste del mar de Galilea o lago Tiberíades, los arqueólogos comenzaron a realizar excavaciones en 1905 en busca de los escenarios que tuvieron que ver con la vida de Jesucristo descritos en los Evangelios y, efectivamente, según pudimos ver, hallaron ruinas que se cree eran el hogar de los primeros discípulos de Jesús: Andrés, Mateo y Pedro. Únicamente se conservan algunas ruinas de la ciudad antigua, entre ellas una sinagoga construida entre los siglos II y IV después de Cristo bajo la influencia romana. Monjes franciscanos restauraron parte de la sinagoga y construyeron un monasterio, que aún mantienen. En 1981 se descubrieron los restos de una sinagoga del siglo I.
En el Mar de Galilea o Lago Tiberiades, dos barcos debidamente acondicionados realizan paseos cortos por el lago y quienes íbamos de visita no dejamos de aprovechar la oportunidad en nuestro tiempo libre para navegar y fantasear en las aguas que sirvieron de escenario a la vida de Jesucristo y donde Pedro, el apóstol, solía pescar la sabrosa tilapia que nos tocó degustar en el restaurante del hotel Royal Plaza en Tiberias.  La tilapia, como se ve, es un pez de agua dulce y su carne exquisita como la de nuestro pavón.  Es un pez con escama, de lo contrario no lo comerían los judíos.  En Israel lo llaman “El pescado de San Pedro” y es de una particularidad muy curiosa pues es un pez que cuida de sus crías. Algunas construyen nidos en los que depositan los huevos y los guardan con celo, ahuyentando a cualquier intruso. Otras reúnen a las crías en su boca, donde las protegen. En esta incubación bucal participan uno o los dos progenitores. Las crías se liberan a intervalos, pero se acumulan de nuevo en la boca cuando están amenazas.


Iglesia de las Bienaventuranzas o  “Sermón de la Montaña

Luego de un paseo por el Lago Tiberiades desembarcan los turistas, entre ellos, las bolivarenses biólogos del Ministerio del Ambiente Lesbia Granadillo y Riolama Fernández.

Lago Tiberiades conocido como Mar de Galilea

Restos de la casa donde vivió el apóstol San Pedro.


Santuario levantado en el lugar de la multiplicación de los panes y los peces.

Ruinas de una Sinagoga construida entre los siglos II y IV después de Cristo